Hay rituales que parecen pequeños y dejan una huella enorme. El masaje Shantala es uno de ellos. Diez o quince minutos al día en los que el mundo se detiene, las manos hablan sin palabras y el bebé aprende, desde los primeros meses, que está seguro y que puede relajarse.
¿Qué es el masaje Shantala?
El Shantala es una técnica de masaje infantil de origen indio que el obstetra francés Frédérick Leboyer descubrió en Calcuta en los años setenta, al observar a una madre masajear a su bebé en la calle. Fascinado por la calma y la conexión que emanaba de ese gesto cotidiano, lo documentó y lo difundió en Occidente.
No es una técnica terapéutica en el sentido clínico, aunque tiene efectos físicos documentados. Es, sobre todo, un lenguaje: una forma de comunicarse con el bebé antes de que tenga palabras. Sigue una secuencia estructurada —pecho, abdomen, piernas, brazos, espalda y cara— que permite al bebé anticipar lo que viene y abandonarse al ritual con confianza creciente.
Beneficios: físicos, emocionales y de vínculo
En el plano físico, el masaje favorece la relajación muscular, estimula el sistema circulatorio, ayuda a aliviar gases y cólicos y mejora la calidad del sueño. Varios estudios apuntan también a que los bebés que reciben masaje regular ganan peso de forma más estable en los primeros meses.
En el plano emocional, el contacto piel con piel activa la oxitocina —la hormona del vínculo— tanto en el bebé como en quien da el masaje. Para madres en un postparto difícil o que sienten que la conexión no llega de forma espontánea, el masaje puede ser un puente muy valioso. Y para los padres, una herramienta concreta para construir su propio lenguaje de apego desde los primeros días.

¿Cuándo empezar y qué aceite usar?
Se puede empezar desde las primeras semanas, una vez caído el cordón umbilical. En la práctica, muchas familias arrancan entre las 3 y las 6 semanas, cuando el bebé ya tiene períodos de vigilia más estables. No hay límite superior: el masaje puede mantenerse durante todo el primer año y más allá, adaptando la duración y la presión al crecimiento del bebé.
El momento ideal es cuando el bebé está en alerta tranquila: despierto y receptivo, sin hambre ni sueño. Muchas familias lo incorporan en la rutina del baño o justo antes de la última toma de la noche.
Para el aceite, elige siempre un aceite de masaje natural de primera presión en frío, sin perfume ni fragancias sintéticas: rosa mosqueta, almendras dulces, jojoba o sésamo son buenas opciones. Evita aceites esenciales puros —demasiado potentes para la piel del bebé— y aceites minerales. Una pregunta que llega mucho es si se puede usar el mismo aceite en la piel de la madre: si es 100% natural y sin perfume, sí. El aceite Loving Touch está pensado precisamente para eso — ingredientes como sésamo, aguacate y rosa mosqueta son igual de beneficiosos para la piel del bebé que para hidratar la piel materna en el postparto. Un solo producto para los dos.
Antes de la primera sesión, haz siempre una pequeña prueba en la piel del bebé y espera 24 horas para descartar cualquier reacción.

Cómo preparar el espacio
El entorno importa tanto como la técnica. Elige una superficie firme y cómoda, con una toalla bajo el bebé. La habitación debe estar cálida —el bebé estará desnudo— y la luz, suave. Apaga el móvil. Calienta el aceite entre tus palmas antes de tocar al bebé.
Y antes de empezar, pide permiso. Establece contacto visual, cuéntale lo que vas a hacer con voz tranquila y observa su respuesta. Un bebé que llora, arquea la espalda o aparta la mirada está diciendo que no es el momento. La escucha empieza aquí.
El masaje paso a paso
Paso 1 · El pecho
Con el bebé boca arriba, coloca ambas manos en el centro del pecho y desliza hacia afuera siguiendo las costillas, como si abrieras un libro. Repite con movimientos lentos y continuos. Después, alterna las manos en diagonal cruzando el pecho de hombro a cadera. Es uno de los movimientos más calmantes de toda la secuencia.
Paso 2 · El abdomen
Realiza círculos en el sentido de las agujas del reloj con la palma de la mano, sin presionar. Una variante muy efectiva para los gases es el movimiento de “la luna y el sol”: un semicírculo con una mano seguido de un círculo completo con la otra, de forma continua. Evita esta zona justo después de una toma.
Paso 3 · Piernas y pies
Sujeta el tobillo con una mano y con la otra desliza desde el muslo hasta el pie en movimiento alterno, como si exprimieras suavemente. En la planta del pie, traza pequeños círculos con el pulgar desde el talón hasta los dedos. Muchos bebés se relajan visiblemente en todo el cuerpo en este paso. Repite en la otra pierna.
Paso 4 · Brazos y manos
Desliza desde el hombro hasta la muñeca con movimiento alterno y continuo. En las manos, abre con delicadeza el puño si está cerrado y traza círculos en la palma con el pulgar. Es especialmente gratificante cuando el bebé empieza a relajar los dedos bajo tu tacto.
Paso 5 · La espalda
Gira al bebé boca abajo sobre tu regazo. Desliza desde los hombros hasta las nalgas con movimientos largos y lentos. Después, traza pequeños círculos con las yemas a ambos lados de la columna, sin presionar sobre los huesos. Muchos bebés se quedan somnolientos aquí: es la señal de que el masaje ha hecho su trabajo.
Paso 6 · La cara
Con el bebé de nuevo boca arriba, traza líneas suaves con los pulgares desde el centro de la frente hacia las sienes, desde el labio superior hacia las mejillas y desde la nariz hacia afuera. Usa muy poco aceite en esta zona y movimientos especialmente suaves. Si al principio el bebé no la acepta, no pasa nada: omítela y vuelve a intentarlo en otra sesión.

Preguntas frecuentes
¿Cuánto debe durar una sesión?
Al principio, diez minutos es suficiente. Con la práctica, una sesión completa puede durar entre quince y veinte minutos. No hace falta terminar siempre la secuencia entera: si el bebé está receptivo solo para el abdomen y las piernas, eso ya tiene valor.
¿Con qué frecuencia hacerlo?
Lo ideal es una vez al día, a la misma hora para crear rutina. Pero tres o cuatro veces por semana también aporta beneficios reales. La regularidad importa más que la frecuencia exacta.
¿Puedo hacerlo si el bebé tiene cólicos?
Sí, y es una de las situaciones en que más ayuda. El masaje abdominal en sentido horario y los movimientos de piernas ayudan a movilizar los gases. Lo que no conviene es hacerlo en pleno llanto intenso: espera a que el bebé se calme un poco y entonces el masaje puede ayudarle a terminar de relajarse.
“El bebé no recordará el masaje con palabras. Lo recordará en el cuerpo, en la sensación de que las manos de quien le quiere siempre fueron cálidas y seguras.”


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