Lo deseable para una mujer embarazada es que el parto se produzca de forma espontánea y natural en la fecha prevista. Pero hay veces que la inducción del parto puede ser beneficiosa tanto para la madre como para el niño, cuando no, necesaria.

En 1 minuto

  • Inducir el parto es provocarlo de forma médica cuando no empieza por sí solo o cuando esperar supone más riesgo.
  • El motivo más frecuente es haber salido de cuentas; otros son la rotura de bolsa sin contracciones o algunas enfermedades de la madre.
  • Puede hacerse con prostaglandinas, oxitocina o rompiendo la bolsa, según lo maduro que esté el cuello del útero.
  • Tiene ventajas e inconvenientes: la decisión se toma siempre con tu equipo médico.

¿En qué casos está indicada la inducción del parto?

Razones médicas para inducir un parto

Salir de cuentas

La razón más frecuente para que un médico vea indicada la inducción del parto es que la embarazada haya salido de cuentas.

Un embarazo tiene una duración media de 40 semanas, pero como el momento exacto de la concepción no se conoce generalmente, saber la fecha de parto con precisión es difícil. Por tanto, lo habitual es que, si no hay complicaciones, se plantee la inducción a partir de la semana 41, antes de que se cumpla la 42, ya que solo entre el 4 y el 5 por ciento de los bebés nacen en la fecha prevista.

Entretanto, los médicos vigilarán a la madre y al niño con especial atención durante las semanas 41 y 42 del embarazo, y llevarán a cabo revisiones a intervalos diarios.

No se espera más allá de la semana 42, ya que existe el riesgo de que la placenta deje de cumplir sus funciones por completo y el bebé pueda sufrir una falta de oxígeno, otras deficiencias en su alimentación o problemas circulatorios.

Rotura de bolsa sin contracciones

En la mayoría de los casos, las contracciones y el proceso del parto comienzan dentro de las 24 horas después de haber roto aguas.

Si no se producen contracciones después de romperse el saco amniótico, el riesgo de infección aumenta, de manera que se le ofrece a la madre inducir el parto, normalmente en las primeras 24 horas, según el protocolo de cada hospital.

Diabetes gestacional

En la diabetes gestacional, sobre todo si requiere insulina o el bebé es muy grande, el equipo médico puede proponer inducir el parto hacia las semanas 39-40 para evitar complicaciones en el nacimiento.

Enfermedades crónicas o agudas

La inducción del parto también está indicada en caso de enfermedades crónicas o agudas, como la preeclampsia (gestosis hipertensiva), enfermedades renales o hepáticas que podrían dañar el bienestar de la madre y del bebé o llevar a complicaciones en el parto.

Déficit de abastecimiento del feto

Si el bebé no está creciendo adecuadamente (crecimiento intrauterino restringido) o hay poco líquido amniótico, el médico puede aconsejar inducir el parto.

Razones personales de inducción del parto

Además de las razones médicas que acabamos de mencionar, hay casos en los que la programación de un parto inducido la acuerdan los padres junto con el médico por alguna razón personal, como un viaje inevitable antes de la fecha prevista del parto natural.

No obstante, lo más aconsejable siempre es no inducir el parto si no es por razones médicas.

¿Cuáles son los procedimientos para inducir el parto?

Métodos de inducción del parto

En principio, cuando después de la semana 40 del embarazo el bebé no hace amago de querer nacer, las comadronas aconsejan a la madre ciertos métodos naturales para provocar el parto: practicar sexo, ya que, al liberar prostaglandinas, se fomentan las contracciones; estimular los pezones para liberar oxitocina; hacer ejercicio, caminar, bailar, reír, etc. La evidencia sobre su eficacia es limitada, así que conviene comentarlos antes con tu matrona.

Pero cuando el parto se debe inducir por razones diferentes a haber salido de cuentas, los profesionales sanitarios recurren a otros procedimientos más especializados.

Procedimientos médicos para inducir el parto

  • Abertura del saco amniótico. En este caso, el parto debería tener lugar en un plazo máximo de 24 a 48 horas, ya que, de lo contrario, aumentaría el riesgo de infección y de prolapso del cordón umbilical, que suele ser una indicación de parto por cesárea.
  • Despegamiento de membranas (maniobra de Hamilton). Con un tacto vaginal, se separan suavemente las membranas de la bolsa del cuello del útero. Así se liberan las prostaglandinas y, en aproximadamente el 50 por ciento de todos los casos, el nacimiento comienza durante las 48 horas siguientes. El procedimiento puede ser doloroso, pero ofrece la posibilidad de que no sea necesario adoptar medidas adicionales para provocar las contracciones o inducir el parto. Esto no aumenta el riesgo de complicaciones del parto o una cesárea.
  • Balón o sonda cervical. Se coloca en el cuello del útero y, al inflarse, ayuda a que se ablande y se abra poco a poco. Es un método mecánico muy utilizado en España para madurar el cuello antes de recurrir a otros fármacos.
  • Administración de prostaglandinas vía supositorios, comprimidos o geles vaginales, que a menudo provocan contracciones severas en un corto periodo de tiempo.
  • Administración del suero para provocar contracciones: una infusión con Syntocinon, una variante sintética de la oxitocina, hormona de la salida de la leche y de la sexualidad. Esto también provoca contracciones más intensas en un corto período de tiempo. Junto con este suero, también se ofrece anestesia epidural (anestesia regional) a la mujer durante el parto para mitigar el dolor.

Ventajas de una inducción del parto

El número de inducciones de parto que se practican en la actualidad va en aumento, lo cual provoca controversia y rechazo entre los defensores del parto natural.

Sin embargo, como hemos visto, en ocasiones, la decisión de inducir el parto puede ser necesaria e implicar también ventajas para la madre y el bebé.

Una revisión Cochrane de 2020, que analizó numerosos estudios sobre la inducción del parto, concluyó que, en los embarazos que se prolongan, inducir el parto se asocia a menos complicaciones para el bebé y a menos cesáreas que esperar. Por ejemplo, cuando el meconio (los primeros excrementos del bebé) penetra en el líquido amniótico puede ser perjudicial para el bebé.

Por otro lado, ya en la semana 41 del embarazo, muchos niños mostraron arrugas en la piel y otros signos de que su embarazo ya estaba durando demasiado. Además, los científicos señalaron que, al inducir el parto a partir de la semana 41, se reduce la probabilidad de una cesárea (alternativa).

Ahora bien, más allá de una gestación excesivamente prolongada, en el caso de otras indicaciones médicas, ocurre al contrario: un nacimiento natural estaría asociado a riesgos demasiado grandes, por lo que no se plantea la cuestión de los pros y contras de la inducción del parto.

Inconvenientes de una inducción del parto

Los detractores de la inducción del parto critican muchas veces el hecho de que solo sirve para facilitar la programación de las clínicas o que las mujeres embarazadas expresan su deseo de hacerlo por razones «egoístas». Pero esta es una opinión subjetiva.

Comparado con las mujeres que esperan para dar a luz de forma espontánea, en un parto inducido:

  • El parto puede ser más largo.
  • Las contracciones pueden ser más intensas.
  • Sobre todo si el cuello del útero está poco maduro, puede ser necesario recurrir a más intervenciones: epidural, monitorización continua (CTG) o parto instrumental.

El test de Bishop: ¿está el cuello del útero preparado?

En este sentido, el principal criterio para determinar la efectividad de una inducción del parto y qué otras intervenciones médicas puede implicar es el grado de madurez del cuello uterino. Las comadronas evalúan esto y, por lo tanto, cómo avanza el proceso de parto en una escala de 0 a 13 según el llamado método de puntuación Bishop.

Según este método de evaluación, una puntuación de 8 o más indica que el cuello del útero está maduro y que la inducción tiene más probabilidades de funcionar sin necesidad de otras intervenciones.

¿Puede una inducción del parto generar efectos a posteriori?

No se conocen, de momento, estudios científicos sobre los efectos tardíos de la inducción del parto.

Desde luego, lo ideal es un parto natural y lo más rápido posible, por su importancia en términos emocionales para el vínculo entre las madres y sus bebés, tal y como explicó en su obra el famoso ginecólogo francés Frédérick Leboyer.

Pero esto no significa que las mujeres que dan a luz a sus bebés mediante una inducción del parto o una cesárea tengan que temer que su relación emocional con sus hijos se vea afectada como consecuencia de ese parto no espontáneo.

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