La regurgitación o el reflujo en los bebés es algo de lo más normal, sobre todo, de los 0 a los 6 meses de edad.
De hecho, casi la mitad de los bebés regurgita de una a tres veces al día. Cuando esto ocurre, el lactante devuelve espontáneamente la leche que acaba de tomar, poniendo perdido aquello que tenga por delante (en muchas ocasiones, su mami o su papi).
El problema es si este episodio se repite más veces de lo normala lo largo del día o cuando el bebé sigue regurgitando más allá de los 12 ó 14 meses de edad. Entonces, podríamos estar hablando de la Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico o ERGE.
Pero veamos exactamente qué es el reflujo en bebés, qué lo provoca y cómo se puede aliviar.
En qué consiste el reflujo en los bebés
A diferencia de los adultos, el reflujo gastroesofágico en los bebés es generalmente un fenómeno fisiológico.
Al no estar totalmente desarrollado el músculo de su esfínter esofágico inferior, esa especie de anillo que une el esófago y el estómago, no llega a cerrar lo suficiente cuando el bebé traga y la comida pasa hacia abajo, de forma que, a veces, ese contenido vuelve hacia atrás y regresa de nuevo a la boca.
Diferencia entre reflujo y vómito
Después de explicar qué es el reflujo en los bebés, hay que aclarar que no es lo mismo reflujo que vómito, aunque el desenlace sea muy similar: la expulsión de la comida por la boca.
La principal diferencia entre el reflujo y el vómito es que, así como con el reflujo, el bebé no tiene arcadas previas y, como mucho, arquea la espalda por sentirse un poco molesto, el vómito sí va acompañado de dolor, sudoración, palidez y mala cara. Esto se debe a que lo que se está produciendo al vomitar es una contracción fuerte de las paredes del estómago para intentar expulsar el contenido de su interior, porque le está haciendo daño, por ejemplo, a causa de una alergia alimentaria.
Además, el reflujo ácido no siempre provoca el arrojo de una gran cantidad de leche. A veces, los bebés con reflujo prácticamente no expulsan nada.
¿Hasta qué edad suelen tener reflujo los bebés?
Como hemos comentado en la introducción, hasta los 12 meses aproximadamente, el reflujo en los bebés se considera algo normal.
A medida que el bebé va creciendo y se completa el desarrollo del esfínter esofágico inferior, el reflujo tiende a desaparecer y es raro que se produzcan nuevos episodios una vez cumplido el año y, menos aún, pasados los dos años.
Si tu bebé sigue regurgitando con más de un año o lo hace muchas veces al día, tendrías que consultarlo con el médico, porque podría tratarse de ERGE (Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico).
Afortunadamente, esta enfermedad tiene una baja incidencia entre los niños y solo la padece en torno a un 2% de la población pediátrica.
Síntomas que indican que tu bebé puede padecer ERGE
Un bebé con Enfermedad de Reflujo Gastroesofágico (ERGE), además de regurgitar, puede presentar uno o varios de los siguientes síntomas:
Se muestra muy irritable y llora más de lo habitual.
Vomita bastante cantidad de leche y con mucha fuerza (vómito en proyectil).
Pierde peso o este aumenta menos de lo que debería ser a su edad.
Le cuesta tragar.
Respira con dificultad.
El vómito y/o las heces contienen sangre.
El pañal permanece seco durante 3 horas o más.
Ojo, porque presentar estos síntomas no significa necesariamente tener ERGE. Hay afecciones distintas a esta enfermedad que pueden causar síntomas muy parecidos.
Por tanto, tendrá que ser el médico el que examine al bebé y, después de una serie de pruebas, determine el diagnóstico definitivo.
Es muy probable que el pediatra sugiera algunos cambios en la alimentación para comprobar que no se trata de una alergia alimentaria.
Cómo se puede aliviar el reflujo en los bebés
Si el reflujo de tu bebé es fisiológico y no se debe a algo más grave, puedes seguir algunas pautas para aliviarlo:
Evita alimentarle en exceso. Es mejor que le des cantidades pequeñas de comida con mayor frecuencia a que espacies más las tomas, pero dándole mayor cantidad cada vez.
Evita que juegue o esté muy activo justo después de comer. Tampoco lo pongas en una mecedora hasta que no pase un buen rato.
Ahora que ya conoces bien qué es el reflujo en bebés, aparte de seguir los consejos que te hemos dado, quizás sería recomendable que te hicieras con una buena colección de baberos. 😄
Los gases en el bebé durante los tres primeros meses de vida son muy frecuentes y, en muchas ocasiones, desencadenan ataques repentinos de gritos continuos.
El aire y otros gases pueden llegar al estómago de tu bebé cuando este llora, bebe o simplemente respira. Incluso aunque haya bebido poca leche, las flatulencias pueden generarle una incómoda sensación de pesadez que haga que se encuentre mal.
Muchos padres conocen esta situación como «cólico de los tres meses» o «cólico del lactante». ¿Es tu caso?
Para empezar, te diremos que algunos expertos atribuyen esta fuerte tendencia a los gases a que el aparato digestivo del bebé aún no está del todo desarrollado.
Cómo detectar si tu bebé tiene gases
A algunos bebés les cuesta mucho eliminar el aire de la barriga y necesitan un eructo después de cada comida. Otros, en cambio, apenas tienen problemas.
Observa si tu peque para repentinamente de mamar o de beber del biberón, tuerce el gesto y empiece a llorar. Lo más probable es que tenga gases.
También puede suceder que, aunque no arranque a llorar, tu bebé proteste retorciéndose y haciendo muecas cuando lo quieres acostar después de darle el pecho. En este caso, la razón pueden ser los gases o simplemente que tenga pipí.
Beber del biberón suele dar más gases
Según las comadronas, los bebés que maman tienen menos problemas de gases los que llevan pocos días bebiendo del biberón. Esto se debe principalmente a que los niños que maman pueden controlar el flujo de leche del pecho hasta cierto punto, por lo que, en succionan más despacio y tragan menos aire que si toman el biberón.
En cambio, el diseño de la tetina de los biberones hace que el bebé trague bastante más aire. Por eso, los padres deberían tener en cuenta las siguientes recomendaciones cuando dan el biberón:
La inclinación del biberón es óptima cuando la leche reemplaza todo el aire de la tetina.
El bebé no debe comer tumbado, sino medio erguido.
Después de cada comida hay que darle unos golpecitos para que eructe.
No obstante, hay modelos de tetinas que se inspiran en el pezón de la mujer, por lo que la boca del bebé se adapta mejor a su forma.
Dicho todo esto, hay que recordar que los bebés que maman también necesitan eructar, sobre todo cuando la madre presenta mucho reflejo de eyección de la leche – subida de leche abundante- y el niño bebe rápido.
Cómo puedes ayudar a tu bebé a expulsar los gases
Existen tres posturas para ayudar al bebé a expulsar los gases:
Sobre el hombro
Con el culito bien asentado sobre el pliegue del codo, el bebé apoya la cabecita sobre tu hombro mientras lo acaricias o golpeas suavemente en la espalda con la mano libre.
La postura del avión
El bebé se coloca boca abajo sobre tu antebrazo y tú le sujetas la cabecita con una mano y con la otra puedes frotar su espalda. Puedes probar la misma postura pero colocando al bebé sobre tus piernas en vez de sobre tu brazo.
Sentado erguido
El bebé se sienta sobre tu regazo, con la espalda contra tu estómago. Tienes que sujetar al niño por debajo de tus brazos, con tu mano bajo su barbilla, e inclinarle el tronco ligeramente hacia delante. Con la mano libre, le puedes acariciar o golpear suavemente la espalda.
Pies hacia nariz
Esta maniobra se realiza con el bebé tumbado boca arriba. Sencillamente, coge sus piececitos y ve acercándolos con cuidado hacia su nariz.
Masaje en el abdomen
Otra forma de ayudar a tu bebé a expulsar los gases y a aliviarle el dolor es dándoles un masaje en el abdomen. Más adelante, te explicaremos cómo.
Lo mejor es que pruebes todas las posturas para ver cuál es más cómoda tanto para ti como para el bebé. Si el eructo o el pedo tarda mucho en producirse, puedes ir cambiando de postura.
Cuándo ir al médico por los gases del bebé
La mayoría de bebés superan la etapa de los gases sin problemas. En cuanto se vuelven más ágiles y pueden moverse solos, desaparecen las flatulencias causadas por un exceso de aire en la barriguita.
Sin embargo, debes llevar al pediatra a tu bebé si sufre fuertes flatulencias o manifiesta dolencias llamativas de un día para otro. Alguno de los siguientes síntomas pueden darte la señal de alarma:
Flatulencias con ataques de gritos tras cada comida.
Excrementos líquidos, espumosos o que salpican.
Excrementos extremadamente sólidos.
Rechazo a beber.
No ganar peso.
En estos casos, detrás de las flatulencias combinadas con los demás síntomas podría esconderse una enfermedad grave que el pediatra deberá aclarar y, en caso necesario, tratar.
Cuanto menos tiempo tenga el bebé, menos debes tardar en consultar al pediatra si se presenta este cuadro de síntomas y gases.
Por otro lado, para los padres que están sometidos a mucha tensión a causa de estos problemas que generan los gases del bebé, también puede ser recomendable ir al médico y recibir asesoramiento y ayuda profesional.
Consejos de prevención y tratamiento
Empecemos por aclarar que no se ha demostrado científicamente que los alimentos flatulentos que coma la madre provoquen gases en el lactante.
Cuando le des el biberón a tu bebé, procura que no quede espuma después de haberlo agitado.
Merece la pena que pruebes diferentes tamaños de agujero de la tetina para que entre la mínima cantidad de aire posible.
También puedes relajar el estómago del bebé haciéndole masajes suaves circulares en la barriguita, en el sentido de las agujas del reloj (si es necesario, con aceite de comino). Un pedo sonoro te indicará que la flatulencia se ha disuelto literalmente.
En el siguiente vídeo, puedes ver la mejor forma de hacerle un masaje a tu bebé para aliviar los gases:
Contra las flatulencias frecuentes, las comadronas también recomiendan remedios naturales, como la manzanilla o los supositorios de comino.
Si el pediatra detecta intolerancia a algún alimento, recomendará una dieta especial. Llegados a este punto, quedará descartado cualquier tipo de experimento y el pediatra deberá supervisar cualquier cambio de alimentación al respecto.
Así que ya sabes, los gases en los bebés son un problema muy común, que desaparece normalmente cuando el bebé empieza a moverse por sí mismo.
Mientras tanto, no olvides provocarle el eructo después de cada comida y visitar al pediatra si observas dolencias poco claras o especialmente agudas.
Por todos los nutrientes y defensas que aporta, la leche materna es el mejor alimento que le puedes dar a tu bebé, como demuestran numerosos estudios científicos que se han realizado sobre la lactancia y la alimentación infantil.
La propia OMS (Organización Mundial de la Salud) recomienda la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida del/la niño/a, para luego mantenerla como suplemento hasta los dos años.
En este artículo, no solo queremos hablarte de los importantes beneficios de la lactancia materna, sino también ofrecerte una guía que te ayude a la hora de dar el pecho a tu bebé y que te resuelva todas las dudas que normalmente se generan en torno a este tema.
Ventajas de la lactancia materna para el bebé y para la madre
La leche de la madre está formada por lípidos, proteínas, minerales y moléculas inmunes.
Solo por esto, ya es fácil imaginar varios beneficios de la lactancia materna para el desarrollo y el crecimiento del bebé.
Vamos a ver los más importantes, así como las ventajas que también tiene para la salud de la madre dar el pecho a su peque.
Beneficios de la lactancia para el bebé
Durante los primeros días tras el parto, el calostro (primera leche materna, de color algo amarillento) desempeña un papel crucial en el organismo del recién nacido, que le beneficiará toda la vida :
Le aporta todos los nutrientes que necesita, especialmente proteínas.
Le proporciona defensas inmunológicas. La inmunoglobulina A secretora que contiene el calostro forma una película protectora sobre las mucosas en los intestinos, nariz y garganta del bebé, justo las partes más vulnerables ante virus, bacterias, infecciones y alergias.
Ayuda al tránsito intestinal y estimula la demanda de alimento y, por tanto, la producción de leche.
Reduce la absorción de bilirrubina. El excedente es eliminado por las heces, lo que evita problemas de ictericia.
Pasados los primeros días, la leche materna ofrece al bebé la proporción idónea de vitaminas, proteínas y grasas durante todo el tiempo que dura la lactancia. Además, la composición va cambiando de forma natural para adaptarse a las necesidades del infante conforme a su crecimiento.
Reduce el riesgo de obesidad: al autorregularse la cantidad de leche consumida, el bebé toma solo la cantidad necesaria y va aumentando su peso en la justa medida.
Prolonga el periodo de inmunidad natural, al aportar al bebé los anticuerpos de la madre. Estos le ayudan a combatir específicamente los virus y bacterias a los que está expuesto en su entorno. Así pues, la lactancia materna en la primera etapa de la vida favorece el desarrollo inmunológico del bebé.
Previene las alergias, porque el bebé se expone menos alérgenos en los primeros meses de vida, que es la etapa más susceptible a este problema.
Disminuye la predisposición a enfermedades respiratorias y digestivas. Está demostrado que los bebés que se alimentan exclusivamente con leche materna durante los primeros seis meses de vida tienen menos enfermedades respiratorias – por ejemplo, asma-, infecciones en el oído y molestias digestivas e intestinales.
Favorece un correcto desarrollo de la mandíbula y los dientes: al succionar para extraer la leche, la mandíbula del bebé va avanzando y alcanza una posición apropiada alrededor de los 8 meses, lo cual es muy importante para el óptimo desarrollo de las estructuras orofaciales que, entre otras cosas, contribuyen al habla. Este desarrollo es menor si el bebé succiona con tetina, ya que sus movimientos son más pasivos.
Prepara al bebé para los cambios de sabor en su alimentación: la variedad en la dieta de la madre hace que el bebé reciba diferentes sabores en la leche materna, lo cual le genera una mejor predisposición a admitir nuevos alimentos cuando crezca.
Crea un fuerte vínculo emocional entre madre e hijo: la proximidad y el cuidado favorecen la autoestima del/la niño/a y la relación positiva con la madre.
Beneficios de la lactancia para la madre
Reduce el riesgo de hemorragia tras el parto: la succión del bebé estimula la producción de oxitocina, la cual provoca la salida de la leche y la contracción del útero.
Ayuda a prevenir la depresión postparto: el incremento de los niveles de oxitocina, conocida como “la hormona del amor” produce un efecto antidepresivo.
Previene la anemia ferropénica, al disminuirse las pérdidas de sangre después del parto.
Mejora la presión arterial y reduce el estrés.
Reduce el riesgo de padecer infartos, ictus, diabetes de tipo 2 y cáncer (de mama, ovarios y útero).
Tablas peso de los bebés y lactancia materna
Aunque el peso de los bebés no es el mismo en todos los casos y depende de factores como la genética, lo cierto es que siempre se debe producir un aumento de peso y talla progresivo y acorde a su edad.
En el periodo de lactancia materna, el aumento de peso de los bebés debe ser, aproximadamente, de 20 gramos al día durante las seis primeras semanas. Después, el incremento de peso esperado va disminuyendo, como se muestra en la siguiente tabla:
No obstante, ten en cuenta que, durante los primeros meses de vida, el recién nacido suele perder entre el 7% y el 10% del peso que marcaba nada más nacer (entre otras cosas, por la expulsión del meconio).
De forma más específica, las tablas que se suelen usar para representar la evolución del crecimiento normal de los lactantes sanos, tanto en peso como en estatura, son los percentiles.
Sin embargo, no has de obsesionarte con esta referencia, puesto que ha de ser el/la pediatra quien valore tu caso particular.
Posiciones para dar el pecho
Entramos ahora de lleno a una cuestión importante: ¿qué posición es la más adecuada para dar el pecho? ¿Cómo tenéis que estar colocados tú y el bebé ?
Realmente, no hay una posición ideal para la lactancia materna. Lo importante es que tú y tu bebé estéis cómodos, y que haya un buen agarre para que el peque ingiera la cantidad de leche que necesita y, al mismo tiempo, tú no sientas dolor.
En este sentido, como te explicábamos en el artículo ¿Cómo curar las grietas del pezón? Leche materna vs Lanolina HPA, para que el bebé se agarre correctamente a tu pecho, debes asegurarte de que su boquita, además del pezón, abarque gran parte de la areola. Su nariz y barbilla han de quedar pegadas a tu pecho, formando lo que se conoce como “boquita de pez”.
Dicho esto, vamos a ver las posiciones para dar el pecho más conocidas y que puedes ir probando hasta dar con la mejor se adapte a tus circunstancias.
Posiciones con la madre acostada
Posición biológica: se llama así porque es la más instintiva y la que se suele adoptar en la primera toma tras el parto. La madre está estirada o reclinada boca arriba y el bebé encima. Instintivamente buscará el pecho para agarrarse.
Si la madre ha sufrido una cesárea, puede probar a colocar al bebé a la altura del pecho y con su cuerpo transversal a ella.
Posición de lado: es la misma que la posición anterior, pero con la madre acostada de lado y el bebé frente a ella, en paralelo a su cuerpo. Viene muy bien si practicas colecho, ya que tu bebé permanece acostado, al igual que tú.
Posiciones con la madre sentada
Posición de cuna: la madre sentada en vertical y el bebé colocado de lado, con su cabeza y cuello apoyados en el antebrazo de ella. No es la posición más adecuada con un recién nacido, ya que no proporciona tanta sujeción al bebé como el resto de posiciones. Puede ayudar un cojín detrás de la madre o una almohada de lactancia en su regazo, sujetando a al bebé, pero siempre asegurándose de que éste no quede demasiado alto; los pechos han de permanecer en su altura de reposo natural para evitar pezones doloridos y tensión en el agarre.
Posición de cuna cruzada: la diferencia con la de cuna es que el cuerpo del bebé descansa sobre el antebrazo contrario de la madre, de modo que pueda sujetar al bebé a la altura de su cuello y hombros para permitirle inclinar la cabeza antes del agarre. Esta posición es recomendable tanto para recién nacidos como para bebés pequeños o con dificultades para agarrarse al pecho, ya que la madre puede usar la mano que le queda libre para colocar bien el pecho.
Posición de rugby: la madre se sienta con el bebé apoyado en su antebrazo. El cuerpecito del peque queda ligeramente curvado sobre el costado de la madre, con los pies enfocados hacia el respaldo del asiento. Esta es otra posición adecuada para los primeros días, ya que el bebé queda bien sujeto y se siente seguro. Además, la madre tiene una visión completa de su carita y controla el agarre. Al estar acurrucado a lo largo de tu cuerpo, tu bebé también se sentirá más seguro. También es recomendable esta posición para madres que hayan tenido una cesárea, un parto de gemelos o un bebé prematuro, así como para mujeres con pechos muy grandes.
Posición de caballito: el bebé está sentado a horcajadas en el muslo de la madre o en su cadera, de forma que su columna y su cabeza se mantienen en posición vertical mientras mama. Es una manera cómoda de dar el pecho a un bebé que sea ya capaz de mantenerse sentado sin ayuda. También es aconsejable para bebés que sufren reflujo o infecciones de oído, así como a aquellos con anquiloglosia o un tono muscular bajo.
Otra postura de lactancia posible, aunque poco frecuente, es la posición “a cuatro patas”. En este caso, la madre se coloca boca abajo, apoyada sobre sus brazos y sus rodillas, dejando debajo un hueco donde va situado el bebé boca arriba y con sus pies en dirección a la cabeza de la madre. Es una posición que viene bien si la madre tiene una obstrucción o mastitis aguda localizada en la parte superior del pecho, ya que se facilita el drenaje de esos conductos.
Lactancia materna y trabajo: ¿cómo organizarte?
Una de las grandes preocupaciones de las mujeres que desean practicar la lactancia materna el máximo tiempo posible, por los grandes beneficios que esta aporta al bebé, es cómo compaginar la lactancia con el trabajo una vez se reincorpora a la rutina laboral.
Afortunadamente, el permiso de maternidad ha ido ampliándose con el tiempo hasta llegar a las 16 semanas, periodo que también se ha establecido ya para el permiso de paternidad.
Por tanto, las madres que quieren dar el pecho en exclusiva los seis meses que recomienda la OMS, pueden aprovechar el permiso de maternidad para cubrir más de la mitad de ese tiempo de lactancia materna.
¿Pero qué pasa con los dos meses restantes?
Aunque, hoy en día, el teletrabajo se está extendiendo cada vez más y esto facilita las cosas para la lactancia materna, todavía son muchas las mujeres que no tienen la opción de trabajar en casa. Para ellas, la mejor solución si no viven lejos del trabajo, es acogerse al permiso de lactancia después de reincorporarse.
El permiso de lactancia- tanto para la madre como para el padre- se puede disfrutar de tres maneras diferentes:
Permiso retribuido de una hora cada día de trabajo o dos fracciones de media hora. Es decir, desde tu reincorporación, puedes ausentarte de tu puesto de trabajo una hora al día, en medio de tu jornada, hasta que tu bebé cumpla nueve meses.
Reducción de jornada de trabajo de media hora. Si lo que quieres es disfrutar del permiso de lactancia para entrar más tarde o salir antes de la jornada de trabajo, la duración del mismo será de sólo media hora y no de una hora, siempre hasta que tu bebé cumpla nueve meses.
Permiso de lactancia acumulada. Si así lo permite el convenio de tu empresa, tienes la posibilidad de sumar la hora a la que se tiene derecho por lactancia y convertirlas en jornadas de trabajo. Es una hora por día de trabajo efectivo, independientemente de la jornada que se haga.
Recuerda que, para disfrutar del permiso de lactancia, deberás preavisar a tu empresa con 15 días de antelación o la que se determina en el convenio colectivo aplicable.
¿Y si el permiso de lactancia no es una solución para ti por vivir lejos del trabajo o por cualquier otra razón?
Entonces, tendrías que recurrir a la extracción de leche materna – con un extractor manual o eléctrico- y al almacenamiento de la misma en el congelador o en el refrigerador para que quien cuida a tu bebé se la pueda dar en biberón mientras tú trabajas fuera de casa.
Ten en cuenta que la leche materna refrigerada entre 0º y 4º, se mantiene fresca de 5 a 8 días. Por su parte, en el congelador de un combi, puede durar entre 3 y 4 meses.
Preguntas frecuentes sobre la lactancia materna
Vamos a acabar resolviendo algunas dudas que suelen darse entre madres y padres con hijos lactantes.
¿Cuánto tarda en subir la leche después de dar a luz?
La leche materna sube entre las 30 y las 72 horas después del parto. A las madres primerizas, les tarda algo más en subir que a las madres que ya han dado a luz anteriormente.
¿Durante cuánto tiempo se debe amamantar al bebé en cada toma?
No hay establecido un tiempo determinado. Lo ideal es que el bebé decida cuándo tiene suficiente. Lo sabrás porque se separará del pecho.
¿Cuánto tiempo debo esperar para amamantar después de haber comido?
Realmente, no tienes por qué esperar para dar el pecho después de haber comido. Es más, incluso puedes comer mientras amamantas a tu bebé, siempre que tengas cuidado de que no sea algo muy caliente que le pueda caer encima de forma accidental.
¿Qué alimentos son perjudiciales para la lactancia?
Según los especialistas, la mujer que da el pecho puede comer lo que quiera, aunque sí hacen algunas recomendaciones sobre algunos alimentos y bebidas:
Limitar el consumo de bebidas con cafeína: en grandes cantidades, pueden producir insomnio y nerviosismo en el bebé.
Evitar las bebidas alcohólicas durante los 3 primeros meses, y luego restringir mucho su consumo: el nivel de alcohol pasa rápidamente a la leche materna, sobre todo entre los 30 y 60 minutos después de haber bebido.
Evitar los pescados con alto nivel de mercurio: en general, son los peces predadores (atún rojo, pez espada, emperador, lucio,…).
Observar la reacción del bebé ante determinados alimentos que alteran el sabor de la leche: cítricos, cebolla, ajo, alcachofa, coliflor….
¿Qué alimentos le producen gases a los bebés durante la lactancia?
No se ha demostrado que ningún alimento de los que coma la madre genere gases (ni cólicos) en el bebé, aunque sí se los produzca a la madre.
¿Qué puede tomar una mujer para producir leche materna?
Para que una madre produzca leche de calidad ha de nutrirse bien y aumentar el consumo de alimentos son ricos en omega 3, vitaminas y minerales, como como pescados (excepto los de alto contenido en mercurio), frutas frescas, legumbres, vegetales, semillas como chía y linaza, y alimentos integrales como pan integral y arroz integral.
¿Cómo aliviar los cólicos de un recién nacido?
A cada bebé le funciona mejor una cosa. Puedes probar varios métodos: acunar al bebé en los brazos para que sienta el contacto piel con piel, ponerlo en posición vertical para ayudar a disminuir la acidez, mover los gases y expulsarlos; darle masajes circulares y suaves en su abdomen, en el sentido de las agujas del reloj; colocarle una toalla calentita en el vientre; o tratar de relajarle con música.
¿Te ha ayudado este artículo para orientarte sobre los beneficios de la lactancia materna y las principales pautas para practicarla?
Si tienes alguna duda añadida o alguna sugerencia, deja tu comentario e iremos ampliando la información.
Uno de los aspectos más importantes que has de cuidar cuando tienes hijos es su alimentación, especialmente durante el primer año de vida.
Una adecuada alimentación de tu bebé determinará su desarrollo y, por eso, es fundamental saber qué tipo de comida has de darle en cada etapa para que crezca fuerte y sano.
Veamos qué es lo mejor que puede comer tu bebé dependiendo de su edad.
1. La alimentación del recién nacido: solo leche materna
Desde que nace y hasta los seis meses de edad, el único alimento del bebé ha de ser la leche materna. Ni siquiera será preciso darle agua o cualquier otro líquido.
La leche materna contiene todos los nutrientes necesarios para el desarrollo temprano de tu bebé y es lo mejor que le puedes dar. Además, reforzará su sistema inmune al aportarle una gran cantidad de anticuerpos, que reducirán el riesgo de posibles enfermedades infecciosas.
La alimentación de la madre para tener una leche de calidad
Para que la calidad de la leche materna sea óptima, la madre lactante debe cuidar también su alimentación. Ha de intentar que esta sea energética y equilibrada, con gran cantidad de frutas, verduras y cereales integrales. Exceptuaríamos aquí aquellos vegetales que pueden cambiar el sabor natural de la leche, como la col, el pepino, el pimiento, los espárragos o las alcachofas.
Además, teniendo en cuenta el desgaste de energía que conlleva dar el pecho, la dieta de la madre debería ser algo más calórica de lo habitual. Así pues, la lactancia no es un buen momento para ponerse a régimen.
Por otro lado, es recomendable que la madre lactante evite el alcohol y el tabaco, y tome algún suplemento de vitamina D si el médico lo considera oportuno.
¿Cuántas tomas de leche materna al día son las indicadas?
En este tema, no conviene ser rígidos. Lo mejor es que el bebé mame a demanda y de forma frecuente (cada dos o tres horas) durante los primeros días. A medida que pasen las semanas, la demanda de leche se irá reduciendo y las tomas serán más espaciadas.
Si no le puedes dar el pecho al bebé en todas las tomas- por la reincorporación al trabajo o por cualquier otra razón -, una herramienta muy útil es el extractor de leche. Puede ser un extractor de leche manual o un extractor de leche eléctrico, y te permitirá extraer leche de los pechos y tenerla almacenada en biberones o bolsas de almacenamiento de leche materna, que son aptas para congelar.
Extractor manual de leche materna Lansinoh
¿Y si no es posible la leche materna?
A veces, no es posible que una madre dé a su bebé leche materna, debido a una enfermedad, a una medicación que contamina la leche, a una mastitis o a otras causas.
La alternativa en estos casos sería la leche de fórmula, pero teniendo en cuenta que entonces el bebé no necesitará comer tan a menudo, porque tardará algo más en hacer la digestión.
2. La alimentación del bebé a los 6 meses: empiezan las papillas
A partir de los 6 meses, el bebé ya necesita un mayor aporte de energía y de nutrientes, por lo que habrá que ir incorporando otros alimentos a su dieta, que complementen la leche materna.
Los alimentos complementarios que el bebé puede tomar ya a los 6 meses, en forma de papillas y purés, son:
Frutas. Prácticamente, se pueden preparar purés con todas las frutas que estén de temporada. Incluso podrías incluir las variedades con más potencial alergénico (melocotón, fresas, etc), siempre observando al principio si se produce alguna reacción alérgica. Al fin y al cabo, esto puede pasar con cualquier otro alimento que tu bebé tome por primera vez.
Verduras y hortalizas. Son aptas todas en general, pero algunas como la remolacha, el nabo, las espinacas y las acelgas, es mejor evitarlas o dárselas en poca cantidad hasta que el bebé cumpla el año, debido a la acumulación de nitratos en estas variedades.
Cereales. Por ejemplo, arroz, cebada o trigo. No importa si los cereales contienen gluten, a no ser que se el bebé presente alguna intolerancia o alergia.
Carne. Los expertos en nutrición infantil recomiendan empezar con las carnes blancas, es decir, pollo, conejo y pavo, porque son menos grasos que las carnes rojas y, por tanto, más fáciles de digerir.
Huevo. En la alimentación del bebé a los 6 meses, ya se puede incluir el huevo, siempre y cuando esté bien cocido para evitar el riesgo de salmonelosis. Si sospechas que tu bebé puede tener alergia, mejor quita la clara, porque es más alergénica.
Pescado. Habría que evitar las especies con mayor contenido en mercurio, como el atún, el emperador o la tintorera. Tampoco es aconsejable el marisco, ya que contiene cadmio. En su lugar, puedes incorporar en los purés de tu bebé pescado blanco (merluza, lenguado, etc). ¡Pero ojo con las espinas!
Frutos secos. Se los puedes dar molidos, para evitar atragantamientos. Es recomendable que, al principio, los pruebe de forma aislada (no mezclados con ningún otro alimento) para comprobar si se produce alguna reacción alérgica.
Planifica el menú semanal y guarda en la nevera las raciones
Una buena manera de que la dieta del bebé a partir de los 6 meses resulte completa y equilibrada, es hacer una planificación semanal del menú. Así, te puedes dedicar un día a preparar los purés para toda la semana y meter las raciones individuales en tarros de vidrio para potito con cierre hermético.
¿Se debe añadir sal en la comida del bebé?
La respuesta es que no, ya que en el primer año de vida del bebé, el sistema renal es aún inmaduro y le cuesta procesar grandes cantidades de sodio.
Además, si utilizas alimentos frescos y, sobre todo, ecológicos, serán los suficientemente sabrosos como para que no necesiten nada más. Por no hablar de la ventaja que supone para la salud del bebé que los alimentos estén libres de químicos nocivos.
3. La alimentación del bebé a los 8 meses: trozos pequeños
Cuando tu bebé llega a los 8 meses, puedes ir probando a darle alimentos cocidos (zanahoria, patata, tortilla,…) y en trozos pequeños para evitar los atragantamientos. Obsérvale y asegúrate de que los mastica bien antes de tragárselos.
¿Has oído hablar del Baby Led Weaning?
El Baby-led Weaning (BLW) es método de destete defendido por algunos pediatras, que son partidarios de adelantar la introducción de alimentos troceados en la dieta de los bebés a los 6 meses, en vez de esperar a los 8 meses.
Por tanto, se suprimiría la fase de las papillas y los purés para complementar la leche materna directamente con alimentos sólidos en trozos pequeños. La idea es que se los demos para que ellos mismos se los lleven a la boca y vayan probando distintas texturas y sabores, además de experimentar la masticación.
Los defensores del Baby-led weaning creen que con este método, los niños se acostumbran antes a las nuevas texturas, sabores y colores. Otro beneficio es que adoptan hábitos de alimentación saludable, aparte de estimular el desarrollo neurológico, cognitivo, del tracto digestivo y del sistema neuromuscular.
Los padres pueden practicar el BWL cuando ellos mismos están comiendo. Se trataría de sentar al bebé en la misma mesa y dejar que se sintiera parte de ese momento familiar, de forma que eso favoreciera también la interrelación entre unos y otros.
Para practicar el BWL, también son útiles los tarros de vidrio de cierre hermético.
4. La alimentación a partir del primer año
A los doce meses, es cuando se suele llevar a cabo el destete del bebé, aunque la OMS recomienda prolongar la lactancia hasta los dos años.
En cualquier caso, la leche seguiría estando presente en la alimentación del bebé, ya fuera leche materna o leche entera pasteurizada. ¿Por qué? Porque los bebés de un año necesitan de 500cc a 700cc de leche al día para cubrir sus necesidades de vitamina D. Parte de esa leche puede ser sustituida también por otro tipo de lácteos, como el yogur o el queso, que ya son adecuados a esta edad.
En este sentido, es el momento de ir dejando el biberón y empezar a beber en un vaso.
Por lo demás, el bebé de un año ha de seguir manteniendo una dieta equilibrada, con todas las variedades de alimentos que ya comía antes, solo que ahora puede probar los vegetales crudos (excepto los más duros, como la zanahoria), por ejemplo, en una ensalada. Por supuesto, deberás asegurarte de que los mastica muy bien.
No olvides tampoco evitar los alimentos o preparaciones muy saladas, azucaradas o picantes.
Para finalizar este artículo y a modo de resumen de todo lo que hemos explicado sobre la alimentación del bebé, te dejamos la siguiente tabla de incorporación de alimentos para bebés.
Verás que está dividida en tramos de edad y en tipo de alimentos. La intensidad de cada color hace referencia a la mayor o menor cantidad de cada tipo de alimento que puedes dar a tu peque según los meses que tenga. Seguro que así te resulta muchísimo más fácil organizarte. ?